El paradigma de la organicidad.

Una visión no mecanicista de la vida.

Por Jon Ortega. Biólogo. Cauac Editorial.

“Bajo la cruda luz y el foco afilado del exámen analítico, la cuestión de qué es la vida, en lugar de acercarse a ser respondida, se disuelve. Este avance de mis conclusiones descarta claramente el creciente bombardeo público de profecías acerca de que la ciencia ha encontrado, o está a punto de hacerlo, la clave para explicar la vida enteramente en términos de un juego ciego de moléculas.”

Paul A. Weiss, 1973.

Esta presentación se enmarca en el contexto de una investigación personal sobre siete condicionantes estructurales en el modelo dominante de la ciencia moderna, y el intento de exponer una visión trascendente para cada uno de ellos (ver Cuadro I). La hoja de ruta de este trabajo comienza con el estudio del mecanicismo, o figuración cultural de la máquina como modelo para interpretar y comprender la naturaleza, y mi correspondiente intento de introducción a una visión trascendente formulada como el paradigma de la organicidad. En esta ocasión me centraré exclusivamente en este asunto, dejando para futuras presentaciones los otros seis bloques generales de mi trabajo. No obstante, dado que todos ellos están mutuamente interrelacionados hasta el punto que podemos considerarlos como caras de un mismo prisma, de alguna manera estarán presentes desde el comienzo.

¿Organismo o mecanismo?

El Modelo Dominante de la ciencia dirige nuestra economía e industria, y acecha tras nuestras instituciones políticas, sociales y educativas entretejiéndose en la fábrica de nuestras vidas. Lo aceptamos incuestionablemente y lo tomamos erróneamente como realidad inevitable. Cada vez que algo marcha mal, encontramos algo o alguien a quien culpar, pero eso no hace sino reforzarlo. Los debates públicos sobre el sida, alimentos modificados genéticamente, pesticidas y otros, de alguna manera están contribuyendo a esto porque realmente no van a la causa y en cambio dejan al Modelo Dominante intacto, dando vía libre a que continúe su proceso destructivo.

Mae-Wan Ho

El hábito de tomar la máquina como imagen, modelo o metáfora para comprender el universo y la naturaleza es algo que hoy en día tenemos integrado y automatizado de forma inconsciente. Es uno de los elementos característicos y fundacionales de la tradición científica moderna, cuya fase formativa podemos situar en el siglo XVII, triunfando intelectualmente en el XVIII y consolidándose definitivamente en el XIX, en un contexto histórico de industrialización y maquinización de la economía y la vida humana.

En su origen, el mecanicismo fue postulado explícitamente como una doctrina según la cual el universo y todo cuanto existe en él es comparable a una máquina. Tuvo un gran éxito en el pensamiento ilustrado de Europa Occidental, y sus opositores más relevantes fueron los científicos e intelectuales del Círculo de Weimar liderado por Goethe.1 Cabe mencionar también a George Stahl, por ser quien introdujo el concepto organismo tal y como lo conocemos hoy, precisamente para diferenciarlo de un mero mecanismo físicoquímico, y destacando que en el organismo todas las partes colaboran activamente por un objetivo común.

A lo largo de más de cien años se mantuvo un debate muy vivo que la historiografía de la ciencia ha recogido como la controversia entre vitalistas y mecanicistas, hasta que la balanza fue inclinándose poco a poco a favor de los segundos. Aunque posteriormente el mecanicismo ontológico, es decir, la afirmación explícita y sin fisuras de que la naturaleza es esencialmente igual a una máquina, cayera en desuso, el mecanicismo epistemológico, o el estudio de cualquier proceso o elemento natural como un mecanismo o un conjunto de mecanismos, ha quedado firmemente establecido hasta nuestros días.

Así, las Leyes o Principios de la Termodinámica, que llegarían a convertirse en piedra angular de toda la ciencia moderna, fueron descritos originalmente a partir de la observación del comportamiento de las máquinas y su extrapolación al conjunto de la naturaleza. Nos describen un universo esencialmente inercial, donde todas las transformaciones de la materia se derivan de la tendencia de la energía a dispersarse, tal y como describe la conocida “Segunda Ley”, que finalmente llegaría a formularse en términos de los efectos estadísticos de un baile ciego de moléculas moviéndose aleatoriamente y descrito por complejas ecuaciones matemáticas. El impacto de este desarrollo teórico fue definitivo para la consolidación de la epistemología mecanicista y la concepción de la vida como un conjunto de mecanismos automáticos y movimientos aleatorios, regidos por las leyes básicas de la química, la física newtoniana y la estadística. Un paradigma que ha condicionado por completo, como veremos, el desarrollo de la biología y la medicina en el siglo XX.

Sin embargo nuestra experiencia no deja espacio a la confusión entre organismo y máquina. Mientras que las máquinas sólo pueden evolucionar degenerativamente, hacia un deterioro de sus estructuras y funciones, los organismos pueden crecer, y poseen una extraordinaria capacidad de automantenerse y regenerarse. Los seres mecánicos requieren de un mantenimiento y un accionamiento externo, mientras que los seres vivos tienen la capacidad de autorregularse y accionarse por sí mismos… e incluso integrarse en un ecosistema cumpliendo diversas funciones en la autorregulación del conjunto. Incluso desde una óptica estrictamente material (sin entrar en el asunto de la consciencia, tan espinoso para el paradigma convencional de la ciencia moderna) los seres vivos somos claramente diferentes de las máquinas (ver también cuadro III “Sistema mecánico versus Sistema vivo”).

En una tradición iniciada por científicos como Schrodinger o Bergson, muchos autores han puesto de relieve las deficiencias de la termodinámica mecanicista para describir el mundo orgánico. La brillante médica y genetista Mae Wan Ho, nos explica que los seres vivos son demasiado asombrosos para ser reducidos a un conjunto de mecanismos empujados por la inercia termodinámica (Ho 1994; Ho 2010): en primer lugar, son increíblemente dinámicos, cada célula y cada sistema bulle de una actividad incesante donde tienen lugar múltiples procesos de gran complejidad simultáneos y conectados coherentemente entre sí, siempre redundando en la autorregulación del conjunto del sistema orgánico que los engloba. La vida es una sinfín procesos que engloban y son englobados por otros procesos, conectados y concatenados de una forma coherente en el espacio y en el tiempo, desde el metabolismo de las células y los microorganismos hasta
los grandes ecosistemas y las dinámicas autorreguladoras de la biosfera, y desde lo que transcurre en el lapso de microsegundos hasta lo que se extiende a lo largo de las generaciones. Dentro de este contínuum de procesos conectados coherentemente, la relación entre los conjuntos y las partes es tal que, como decía el cariñosamente recordado agricultor y sabio Masanobu Fukuoka, “las cosas se establecieron de tal manera que uno es muchos, el todo es perfecto, no se desperdicia nada, nada es inútil y todas las cosas dan lo mejor de sí” (Fukuoka 2015).

La cualidad dinámica por la cual todos los procesos y elementos orgánicos se conectan coherentemente cumpliendo una función cooperativa en la autoregulación de un sistema de orden superior ha sido abordada con lucidez por diversos autores y desde diferentes formulaciones como el principio de mantenimiento de la totalidad de Von Bertalanfy, la holarquía de Koestler, el continuo cohesivo de Weiss, la homeotelia de Goldsmith, e incluso expresiones de gran poder evocador como la inteligencia vital de Pigem o el Jazz cuántico de Mae-Wan Ho; yo he escogido el término organicidad.

Se trata de una cualidad empíricamente observable y que ha sido claramente reconocida y expresada por las culturas tradicionales de todas las épocas, desde culturas indígenas puramente vernáculas como las de los nativos norteamericanos, donde encontramos diseños y mapas del orden cósmico en movimiento (por ejemplo la Rueda de Medicina en sus diferentes versiones) en los que cada parte sostiene y a la vez refleja la totalidad, hasta en grandes civilizaciones fuertemente estatizadas como la milenaria China, donde, según Dolores La Chapelle:

Los chinos veían el universo como una jerarquía de partes y totalidades trabajando
armónicamente, según su propio Li o patrón, pero todas ajustándose al patrón general
.

La visión mecanicista es, en definitiva, una anomalía propia y exclusiva de la modernidad occidental, y su influencia se deja sentir especialmente en las ciencias más directamente relacionadas con la vida (biología y medicina), en tanto que desde su paradigma dominante se formulan una y otra vez explicaciones a los fenómenos biológicos de carácter reduccionista que obvian por completo ese “continuo cohesivo” o contínuum de procesos conectados coherentemente al servicio de la autorregulación del conjunto. Esta tendencia trasciende ampliamente el plano teórico, ya que se traduce en la implementación de tecnologías y protocolos que ignoran e interfieren sistemáticamente en dicho contínuum, en ocasiones con consecuencias nefastas para la salud de las personas y su entorno.

El ejemplo que suelo poner para ilustrar esto es el de la gripe, un proceso biológico que muchos estamos acostumbrados a experimentar una vez al año aproximadamente. La simple observación atenta y no condicionada nos muestra que todos y cada uno de los llamados “síntomas” corresponden a procesos completamente inducidos y coordinados por la inteligencia de nuestro organismo y tienen pleno sentido para su autorregulación en un contexto de agotamiento fisiológico6: La fatiga, los mareos y el dolor de cabeza si intentamos hacer ejercicio físico o mental, son causados por la constricción de los vasos sanguíneos que riegan los músculos y el cerebro mediada por nuestro sistema nervioso autónomo, que está inhibiendo las funciones del sistema simpático, relacionadas con la
actividad y la concentración, y derivando la energía hacia funciones del sistema parasimpático relacionadas con la desintoxicación y recuperación de un periodo de stress fisiológico. Los mocos, el sudor y la mayor frecuencia en el ciclo de hidratación y micción nos indican que los órganos con funciones de depuración y drenaje de toxinas (piel, vías respiratorias, riñones) están a pleno funcionamiento en este sentido. También es sencillo constatar que el fenómeno se está produciendo, pues siempre lo hace, después de un periodo de agotamiento físico, mental o emocional en el que han podido contribuir muchos factores, siendo uno de los más frecuentes un descenso brusco de la temperatura ambiental.

A pesar de todo ello, la medicina moderna trata la gripe como un estado maligno provocado por un agente patógeno externo, que se recomienda evitar administrando una vacuna. Tal agente patógeno es el conocido como “virus de la gripe”, una cápsula proteica con una cadena de ARN plegada en su interior que encontramos en las secreciones de las mucosas de personas con gripe. Es importante recordar que la asunción de que esta partícula es la causa de la enfermedad no se sostiene en ningún tipo de evidencia cabal más allá del hecho de que “se encuentra allí”. Lo que conocemos apunta más bien a que se trata de un elemento constitutivo del sistema de comunicación biológica que regula los cambios fisiológicos coordinados de este proceso que conocemos como gripe, dado que su interacción con nuestras células depende de unos receptores de membrana muy específicos (codificados en nuestro ADN y que se expresan en un tipo concreto de
células) que conectan con las proteínas señalizadoras del virus de forma análoga a como lo hacen una llave y una cerradura.

De este modo, la narrativa establecida en nuestras instituciones sanitarias habla de una enfermedad provocada por un elemento biológico hostil y completamente ajeno a nuestra autorregulación orgánica. Al no considerarse y ni siquiera concebirse en ningún momento que se pueda tratar de un proceso con pleno sentido biológico, la gripe se aborda como una amenaza externa a nuestra salud para la que se diseña un protocolo tecnológico supuestamente preventivo al que denominamos vacunación. Así, en lugar de invertir esfuerzos en ahondar en la compresión de nuestros procesos biológicos (lo que vendría a ser un enfoque propiamente científico), la financiación de la investigación se vuelca en la implementación de una tecnología que supone una interferencia radical en dichos
procesos, basada en aislar ciertos elementos que corresponden a una fase concreta de los mismos (en este caso la proteína señal de un virus) e inyectarlos en otro momento fuera del contexto en el que tienen función y sentido, transgrediendo así el contínuum de nuestra coherencia orgánica.

Espero que este ejemplo sirva para ilustrar hasta qué punto un paradigma o patrón de pensamiento puede condicionar la actividad científica. Como podemos comprobar, en este caso ni siquiera se considera como posible una interpretación basada en el conjunto detallado de las observaciones empíricas e incluso con la información que nos ofrece la ciencia experimental, y a cambio se mantiene como dogma de fe la versión preconcebida de que el virus causa la enfermedad, a pesar de no estar demostrada y adolecer de un alcance explicativo muy limitado para los hechos observados, grandes lagunas teóricas y un respaldo pobre o nulo por parte de los resultados derivados de los protocolos basados en ella, en este caso la vacunación.

La consecuencia de pensar en la naturaleza como un conjunto de engranajes mecánicos es una subestimación permanente de la coherencia e inteligencia autorreguladora de sus procesos. Al final hemos acabado percibiendo una naturaleza caótica, aleatoria y llena de amenazas, que debemos prevenir con intervenciones dependientes de grandes infraestructuras industriales e implementadas por profesionales técnicos especialistas en nuestro mantenimiento.

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El paradigma de la organicidad.

18 comentarios en «El paradigma de la organicidad.»

  1. Interesantísimo. Y como siempre nos muestras a personas como: Mae-Wan Ho, que han contribuido y defendido con sus trabajos al bien común. A pesar de estar relegadas porque no se ajustaban a los cánones establecidos. Lo mismo que estás haciendo tú, Almudena. Hay tanto dinero detrás de todo, que la verdad está escondida esperando a salir por algún resquicio. !Y venga a vacunar a ancianos todos los años! !Y venga a ganar más dinero a costa de la salud! En vez de ponerles una dieta más sana de verduras y frutas para estar más fuertes durante el invierno y encontrarse con las defensas «a tope». Gracias.

  2. Este es el paradigma de occidente, de la supuesta » civilización» que dominada por intereses socio-económicos se ha impuesto la visión mecanicista gracias a un adoctrinamiento, ya de de muchas décadas, intentando eliminar o desmotivar la visión orgánica del mundo donde todos los seres vivos estamos interconectados. Y debido al dominio intelectual mecanicista frente a los aspectos intuitivos y empíricos de la vida han conseguido establecer una sociedad alejada de la propia naturaleza, dependiente de sistemas y métodos de «protección» artificiales basados en teorías de la visión impuesta de defensa frente a muchos patógenos que nos quieren dañar. Esto es lo que decía sobre el adoctrinamiento basado en la lucha, la competitividad, el dominio sobre otros, la culpabilidad si no se consiguen las metas… que nos han impuesto de pequeños en la familia, colegios y universidades… Una visión que genera siempre un estado de alerta, miedo, preocupación y una respuesta defensiva frente a todo.

  3. “Sin duda quiénes fundaron la ciencia moderna fueron por lo general aquellos cuyo amor a la verdad superaba a su amor al poder. Pero la presencia de elementos malos no es irrelevante para la dirección que emprende la ciencia. Sus triunfos tal vez hayan sido demasiado rápidos y puede que haya pagado un precio demasiado alto: probablemente decidirá una reconsideración de las cosas o algo así como un arrepentimiento. La ciencia regenerada en la que estoy pensando no haría ni a los minerales o a las plantas lo que la ciencia moderna amenaza con hacer al hombre. Al explicarlos no los reduciría. Al hablar de las partes recordaría el todo. Aún estudiando el Eso no perdería la situación del Tu. Sus seguidores no se sentirían libres con los adverbios “solo” y “ meramente”.
    Quizá estoy pidiendo imposibles. Quizás, dada la naturaleza de las cosas, la comprensión analítica deba ser siempre un basilisco que mate todo lo que ve y solo vea matando. Pero si los propios científicos no pueden detener este proceso antes de que llegue hasta la Razón común y también la asesine, alguien ha de haber que lo detenga. Alguien replicará que solo soy un oscurantista más. Semejante réplica mana del fatídico concepto serial de la imaginación moderna: la imagen de una progresión unilineal infinita. Tendemos a concebir todos los procesos como si fueran semejantes a series numerales en las que cada paso, hasta la eternidad, es de la misma clase que el paso anterior. Hay progresiones en las que el último paso es sui generis, no se puede medir mediante comparación con los otros, y en las que recorrer el camino completo es deshacer todo el trabajo del trayecto previo.En este punto, el tipo de explicación reduccionista puede darnos algo, aunque a un precio muy alto. Pero no se puede andar “reduciendo”’para siempre. Uno no puede estar siempre “mirando a través “ de las cosas para siempre. El propósito de mirar a través de algo es que se vea algo al otro lado. Está bien que el cristal de la ventana deba ser transparente, porque la calle o el jardín que se ve desde ella es opaco. Que pasaría si viéramos también a través del jardín? No tiene sentido tratar de “ver a través “ de los principios primordiales. Si uno ve a través de todas las cosas, todo es transparente. Pero un mundo totalmente transparente es un mundo invisible. “Ver a través” de todas las cosas es lo mismo que no ver”

    La abolición del hombre. C. S. Lewis 1944

  4. En tanto que la mal llamada ciencia, persiste en el mecanicismo y que, una parte importante de la población se lo cree (alguien me decía el otro día: «tantos científicos no pueden estar equivocados»), el resto, podemos atender desde el sentido común y la coherencia a nuestro organismo y permitir, cuando surja, que la gripe (por poner un ejemplo), aflore, siga su curso, ayudarla; para ello, mantenernos alejados de los fármacos que cortan ese proceso, beber agua de calidad y electrolitos, sudar, acudir a la fitoterapia, usar la lota si es necesario (en mi caso es una bendición), Vitamina C, D, descansar y reducir la ingesta de alimentos tal y como te lo pide tu cuerpo, etc. Y claro, reducir todo lo que podamos, la toxicidad que llega a nuestro cuerpo.

  5. Esta nueva visión, donde se considera que los virus y las bacterias no son patógenos es refrescante y esperanzadora, no solamente en la búsqueda de la curación de enfermedades sino en la comprensión de nuestro sentido de trascendencia… Como ingeniero mecánico y docente universitario he estado analizando y estudiando el tema de la entropía y la visión prácticamente fatalista y de camino al desorden que llena todos los libros de termodinámica. Sin embargo, las leyes de la conservación de la materia y la energía tienen una palabra adicional que es la de Transformación. En ese proceso de transformación la naturaleza prueba de manera cooperativa soluciones en las que se gaste la menor cantidad posible de energía pero que a la vez se desarrollen en el menor tiempo posible (máxima potencia)… Por fortuna, los seres vivos en ese proceso de transformación cooperativa han encontrado soluciones satisfactorias y ordenadas… En esta nueva visión trato de entender la enfermedad como la carencia o supresión de nutrientes, a la que se le suman daños físicos inducidos de manera fortuita o premeditada, y por la inclusión de tóxicos o materiales «venenosos» que conducen al desorden… No obstante, los seres vivos se las ingenian para buscar nuevas soluciones cooperativas.

  6. Vivamos sintiendo amor por nosotros mismos, la vida, otros humanos, todos los animales (no comiéndoles para que ellos tampoco nos tengan miedo), y el planeta sanará, y por ende la Ciencia dejará de tener sentido en un mundo de espíritu y salud.

  7. Como siempre, muy interesante.
    Si queremos que algo cambie, también debemos cambiar nosotros, y no limitarnos a ver como lo hacen personas como vosotros que no cegais un momento en aportar luz entre tanta oscuridad.
    Como en otros temas , en este de la salud no va a ser menos, más bien al contrario, es donde más estamos todos obligados a poner nuestro granito de arena, cada uno de la mejor manera que sepamos o podamos.
    Por ejemplo, tanto hoy en este artículo, como en el del pasado 29 de octubre, se hizo referencia a los virus. Esos virus que la narrativa oficial tanto se esfuerza por demonizar. Tanto hoy con la explicación expuesta por ti Jon Ortega, como Almudena el pasado 29 explicando el grupo de control del Dr. Lanka, (y por supuesto todo lo explicado por el Profesor Sandin y otros muchos durante muchos años) es suficiente para entender que los virus no son culpables de enfermedad alguna.
    Pero como sabemos que la industria farmacéutica no va a permitir que esto salga a la luz, tenemos que ser nosotros los que exijamos explicaciones a los sanitarios los cuales sabemos que tienen conflictos de intereses una gran parte de ellos.
    Por mi parte y como abuelo, estoy preocupado y escandalizado con el calendario vacunal de la barbaridad de inyecciones que se les pone. Y por lo tanto esto que leo en estos correos de Nueva biología, se los comento a mis hijos y a la vez les aconsejo que pregunten a sus pediatras respecto a las vacunas que les meten a mis nietos, y que no se conformen con eso de; «cuando están en el calendario por algo sera»….. por supuesto que será por algo, algo que esta haciendo ganar mucho dinero a alguien, pero que a mis nietos no va a favorecerlos en nada, sino al contrario.
    Gracias.

    1. Muchas gracias Manuel, por tu visión y tu resumen, yo me encuentro en la posición ahora mismo de que me toca vacunar a mis bebés recién nacidos, y estaba con dudas, pero después de todo lo que voy leyendo, no pienso envenenarles con esta bazofia que las farmacéuticas llaman vacunas, echas con veneno puro y lo peor con células humanas, de fetos abortados. Una auténtica barbaridad y aberración. Un abrazo fuerte y espero que tus hijos lo piensen bien.

  8. Un artículo elegante, acertado y bien dirigido a demostrar que lo mecánico no es la esencia como si lo es la vitalizacion. La medicina integrativa de redes que el doctor aleman rekeweck y sus hijos y nietos mantienen hasta hoy, cumple a cabalidad con lo propuesto por Jon ortega. Los invito a explorar los tratamientos bioreguladores que este genio de la medicina homotoxicologica desarrollo a finales del siglo 19 y todo el siglo 20 continuado por sus hijos. Hoy las investigaciones del laboratorio heel asociado a prestigiosos colegas colombianos han corroborado lo que el amigo Jon ortega expuso. En el caso de la plandemia se utilizan bioreguladores que recuperan a los pacientes de las secuelas dejados por la quimera inventada en laboratorio para dejar la marca transformadora de la escalera genetica y obligarla epigeneticamente a producir un substrato proteínico causante de la catástrofe humana que estamos viviendo. Cuando redireccionamos conceptos utilizados para fines macabros, sólo el espíritu de la vida continuará dejando su huella en esta hermosa tierra, un granito ínfimo de la vasta red universal.

  9. Lo bonito y sobresaliente en el tema es la AUTORREGULACION tanto a nivel orgánico como a nivel universal. Invita a la investigación. Saludos.

  10. Gracias a Jon Ortega, Máximo Sandin, Almudena Zaragoza y a todo el equipo de CAUAC y Biólogos por la verdad, por vuestra importante aportación científica basada en la verdad y en la naturaleza, alejada de una ciencia interesada y partidista manipulada por intereses economicista. Vosotros haceis ciencia basada en la naturaleza frente a una nefacta ciencia, manipulada e industriizada, al antojo de intereses espúreos que tanto daño está haciendo a la humanidad. CIENCIA NATURAL FRENTE A CIENCIA INDUSTRIAL.

  11. Magnífico artículo. Quiero expresamente dar las gracias a biólogos por la verdad por el compromiso desplegado y el esfuerzo abnegado en estos tiempos de confusión y mentira, esfuerzo y compromiso encaminados a que sea la ciencia y el conocimiento quienes guíen a los ciudadanos libres de ataduras ideológicas preparadas por aquellos que pretenden asaltar el alma y la dignidad humanas.

  12. Gracias Jon.
    Me has hecho pasar unos momentos felices que me han ayudado a reflexionar y poner orden en mi mente a los conocimientos de biología que me han ido calando ya desde niño, en el instituto, hasta hoy día en que os leo con placer admirándome del regalo que ha sido palpar el continuum de mi vida.
    Un abrazo a todos.

  13. Excelente aporte a la comprensión de los procesos biológicos y al cuestionamiento de la visión mecanicista de la vida que reina hoy en día. El ejemplo de la gripe es muy bueno y le permite a uno entender los fenómenos de una manera más humana, profesional y científica de la que tradicionalmente nos han sometido las grandes industrias que sólo quieren encontrar rendimiento económico en todo, hasta en la propia vida.

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