730 días de obediencia y contagios.

Por Joan Naspleda Feixas. Biólogo.

Fuente: By Reinhold Möller, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=89897202

Hace dos años se nos ordenó la misión de frenar un virus y una enfermedad presuntamente desconocidos. Sin reflexión y con carácter de urgencia fuimos obligados a cerrarnos. Hacerse preguntas y buscar respuestas es una condición humana y científica. Pero en el caso de la “pandemia de la covid” ha incomodado y hasta ha sido mal visto de exponer dudas al discurso oficial o a sus bases de conocimiento. Para mí, esta falta de libertad a la reflexión y al debate ha sido penoso e indignante en el s. XXI, y más en nuestro país que queremos libre.

¿Por qué se ha enterrado el espíritu crítico y no se ha aplicado el método científico con rigor durante estos dos años? No ha habido estudios que hayan testado las medidas, a la vida real, antes de su implementación de forma masiva. Se han utilizado variables de respuesta derivadas de tests diagnósticos que han tenido dos grandes problemas: han sido confusos y han sido recogidos sin un diseño de muestreo dirigido.
Bajo estas condiciones de recogida de datos es imposible obtener resultados robustos y nítidos. Esta falta de rigor científico hace pensar que las medidas sanitarias aplicadas han respondido a otros intereses, como pueden ser por ejemplo políticos o económicos, más que científicos.

Durante estos dos años la respuesta de todo el sistema público, político y técnico ha sido patética. Ni ha cuestionado las medidas impuestas, ni ha facilitado el debate. Ha sido un referente de silencio y obediencia.
También ha dado pena el papel de las entidades de todo tipo, calladas y cómplices a las medidas. Aún ahora, que oficialmente ya hace semanas que se están desmantelando los protocolos “sanitarios”, los organizadores del ciclo de charlas “els grans interrogants de la ciència” (Espai Cràter, SIGMA, i PEHOC) demonizan el pensamiento crítico en una charla sobre el “negacionismo”, cosa que es contraproducente.

Bajo el discurso dominante ha habido gente reflexiva y activa. El grosor de esta ola de gente además parece que ha ido aumentando con los meses. Solo cabe tener presente el éxito de la presentación del libro “pandemia y posverdad”, del filósofo Jordi Pigem, que hace semanas llenó la sala El Torín. Mientras el contagio del discurso oficial ha acaparado la vida pública, ha habido un rum rum de discusión alternativa, científica y humana, que abre camino para revisar las bases del conocimiento biológico y médico.

Durante estos dos años he observado personas extremadamente obedientes a las medidas que han enfermado; y personas extremadamente desobedientes que no han enfermado. He observado círculos de personas con discursos extremadamente “covidofóbicos” que se han contagiado entre ellas; y grupos de personas extremadamente “libres de covid” que no se han contagiado entre ellas. ¿Hemos vivido 730 días de contagios psicológicos y lingüísticos? ¿Todavía hemos de entender los contagios biológicos? ¿Tendrán razón o parte de razón los científicos que sugieren que los virus son la consecuencia y no la causa de las enfermedades?

730 días de obediencia y contagios.

5 comentarios en «730 días de obediencia y contagios.»

  1. Una reflexión muy precisa, y como se dijo “lo bueno si breve, dos veces bueno”
    Personalmente, pienso que la última frase tiene toda su fuerza y sentido

  2. Me encanta el enfoque que le dais al papel de bacterias y virus en los procesos biológicos, que son la vida misma. Intento explicar en mis charlas de nueva medicina germánica que la biología no es un paradigma militar. Hongos, bacterias y virus intervienen en la fase de curación o reparación de los tejidos donde se ha dado la solución biológica, como respuesta a un conflicto emocional incinsciente.

    Por lo tanto, los virus salvan vidas.
    (Las vacunas no).

    Por otro lado, os animo a que desarrolléis una ‘Farmacia Emocional’, donde en lugar de tomar pastillas, la gente pueda tomar consciencia del conflicto emocional que ha hecho que su biología enfermara.

    Finalmente seria interesante que se ubicara la plandemia dentro de un contexto de agotamiento de recursos energeticos: petroleo gas y carbón. Quizás así se entendería mejor que las medidas sanitarias, los confinamientos, han tenido como objetivo el ahorro de carburantes, y por lo tanto no han seguido ningún criterio sanitario.

    Muchas gracias por vuestra labor de difundir el nuevo paradigma de la biología.

  3. Gracias por esos 730 días en los que habéis estado aquí haciéndonos compañía, afianzando conocimientos y dando ánimo y esperanza. Sin vosotros estos días hubieran sido de suicidio.

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